Ser hijo de Dios. Si se trata de algo más que de una metáfora, quiere decir que algo de Dios se nos comunica, algo de su misma vida se nos transmite. Entonces, el valor «hombre» cambia por completo. El hombre ya no será un eslabón más en el proceso de la vida, sino que supera y trasciende todo el orden natural.
Que ¿cómo nacemos de Dios? Algo de eso preguntaba el viejo Nicodemo. ¿Quién puede penetrar en el proceso de la generación divina? "Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo váis a creer si os digo cosas del cielo?» Si no entendemos los misterios de la naturaleza, ¿cómo vamos a entender los misterios de Dios? De todos modos, Jesús hablaba de un nacimiento por medio del Espíritu. Así como el Espíritu Santo fecundó sobrenaturalmente a María, así a nosotros nos transmite parte de la vida divina, haciéndonos hijos por participación. El que es Dios, alienta en nosotros la vida de Dios.




3 comentarios:
Dios necesita nuestro sí para nacer en nosotros.Maria, entre su asombro y su disponibilidad,en nombre de todos nosotros, fue la puerta por donde quiso Dios entrar.
En el silencio de nuestro corazon y en la noche callada de nuestra mente brotará la Palabra eterna e infinita...,nacerá Jesús
Ojala nuestra vida sea transparencia del amor de Dios y vivamos como hijos en el Hijo, que él nos lo conceda en esta Navidad
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