18 al 25 de enero: Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
que, desde hace más de un siglo, se celebra cada año por cristianos de todas las Iglesias y comunidades eclesiales, para invocar aquél don extraordinario por el que el mismo Señor Jesús oró durante la Última Cena, antes de su pasión: “Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros, de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado”. La práctica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos fue introducida en 1908 por el padre Paul Wattson, fundador de una comunidad religiosa anglicana que luego entró en la Iglesia católica. La iniciativa recibió la bendición del papa san Pío X y fue luego promovida por el papa Benedicto XV, que animó su celebración en toda la Iglesia católica con el breve Romanorum Pontificum, del 25 de febrero de 1916.
El octavario de oración fue desarrollado y perfeccionado en los años treinta del siglo pasado por el padre Paul Couturier de Lyon, que apoyó la oración “por la unidad de la Iglesia como quiere Cristo y conforme a los instrumentos que El quiere”. En sus últimos escritos, el padre Couturier ve tal Semana como un medio que permite a la oración universal de Cristo "entrar y penetrar dentro del Cuerpo cristiano"; debe crecer hasta convertirse en "un inmenso, unánime grito de todo el Pueblo de Dios", que pide a Dios este gran don. Y precisamente en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el impulso del Concilio Vaticano II a la búsqueda de la plena comunión entre todos los discípulos de Cristo encuentra cada año una de sus más eficaces expresiones. Esta cita espiritual, que une a cristianos de todas las tradiciones, acrecienta nuestra conciencia del hecho que la unidad hacia la que tendemos no podrá ser sólo el resultado de nuestros esfuerzos, sino que mas bien será un don recibido de lo alto, que hay que pedir siempre.
Cada año, los materiales para la Semana de Oración los prepara un grupo ecuménico de una diferente parte del mundo…
Benedicto XVI
Audiencia General,
miércoles 18 de enero de 2012




3 comentarios:
Transformados por Cristo Servidor El hijo del hombre ha venido para servir (cf. Mc 10,45)
Hoy encontramos a Jesús, que camina hacia la victoria a través del servicio. Lo vemos como aquel que "no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos" (Mc 10,45). En consecuencia, la Iglesia de Jesucristo es una comunidad de servicio. La actuación de nuestras capacidades diferentes como servicio común a la humanidad hace visible nuestra unidad en Cristo.
Nuestro deseo de la unidad visible de la Iglesia requiere espera paciente y confiada. Nuestra oración por la unidad cristiana es como la oración de Ana y del salmista. El trabajo por la unidad de los cristianos se parece a los hechos relatados en la Carta a los Hebreos. Si esperamos pacientemente, no es por impotencia o pasividad, sino porque tenemos profunda confianza en que la unidad de la Iglesia es don de Dios y no un logro nuestro. Esta paciente espera, esta oración y esta confianza nos transforma y nos prepara para la unidad visible de la Iglesia, no como nosotros la pensamos, sino como Dios la da.
Benedict XVI
“La unidad por la cual pedimos requiere una conversión. No se trata simplemente de cordialidad y cooperación, es necesario reforzar la fe en Dios”.
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